Kraftwerk: Todos somos robots

Por Gonzalo Silva-Mery

Para Uwe Schmidt, quien es uno de los referentes más potentes de la escena electrónica nacional, la música es una mezcla de preguntas, magia y desafío a los estereotipos culturales. Para Emerson Lake & Palmer el uso de instrumentos los desenvolvía en una búsqueda sin precedentes, donde los coros de hace ya dos siglos pretendían acertar en la infinita cacería por obtener un nuevo sonido, que tuviera matices destacadas en la interpretación sonora de los mismos acompañamientos vocales o, simplemente en una radical fundación de un sonido venidero.

Los padres del sonido electrónico aterrizaron por tercera vez en Chile. La última vez en el año 2009, cuando en dos shows seguidos telonearon a Radiohead. Cultivadores de una estética que rompe cualquier regla establecida, los alemanes presentaron un show 3D, donde vaticinaron el fin del mundo a punta de beats y visuales donde los números, frases, máquinas, la “autobahn”, transbordadores y un viaje a la tierra, en donde Santiago era visitada por un objeto volador no identificado, que tenía como pista de aterrizaje el teatro Caupolicán.

Filas eternas en que el show se tuvo que retrasar por la cantidad de personas que hacían filas que duraban cerca de 25 minutos. La “estación de poder” en su traducción al español, repletaba el recinto. Considerados como los “Beatles de la electrónica”, los alemanes miran al futuro como el porvenir en que las máquinas, sintetizadores y elementos sonoros no desestiman el valor para crear canciones de antología para la memoria pop y electrónica en plena época de la Guerra Fría donde la carrera espacial era signo de lucha de poder entre la URSS y los Estados Unidos, en que los alemanes vivían la división territorial daba nacimiento a diversos géneros, en el cual marcaron distinción en el modo de hacer las cosas y en la nueva exploración sonora que nacía por el contexto de esa época.

Exploración sonora que marcó un antes y un después en la historia de la música. Los alemanes siempre la tuvieron clara con lo que querían hacer y con las aspiraciones que pretendían con la banda. Definiciones, conceptos, existencialidad, lo postmoderno, se mezclan en diversas tangentes que divagan entre los beats y los efectos galácticos insertos en sus discos y en sus presentaciones en vivo, donde Chile presenció el mejor show en calidad estética y de refuerzo sonoro de lo que fue este vitoreado 2016.

Dos horas duró la ceremonia, que al entrar, te entregaban los lentes para ver presenciar con lentes tipo 3D el concierto. Tal como siempre, parados detrás de sus máquinas, vestidos de trajes envolventes para acompañar la calidad visual del espectáculo, detrás un enorme telón que repasaba lo más preciado de su catálogo artístico. Versiones y reversiones que mantenían todo en orden, al ritmo y sincronía de la misma propuesta que Kraftwerk ve en su música a la hora de exponer al 100% lo reflejado en sus clásicos álbumes y en el referente que son en el género de la música electrónica, donde Chicago le debe bastante a los alemanes y en desarrollo de una visual sonora.